lunes, 11 de agosto de 2008

El puterío de Cochicó

Después de dos días en Cochicó, donde nos fuimos a pescar con el Tucu y Beto, vuelvo a escribir. La laguna no se destaca por su gran cantidad de pejerreyes, sino que encontramos bastantes carpas y sábalos dentudos. Algo que descubrí de Guaminí (que está a unos 400 kilómetros de Buenos Aires) es que los locutorios no tienen internet. Me metí en cuatro, en el centro, y todos tenían teléfono, pero no computadoras. Sólo encontré en uno, pero estaba lleno de pendejos jugando a jueguitos electrónicos. Por eso no pude escribir durante el sábado y el domingo. Lamentablemente, entonces, tuve que llamar a la Matilde para contarle que todo estaba bien.
Lo del partido de fútbol quedó en la nada, nadie se animó. No me quedo conforme con eso: esta semana voy a comprarme unos botines y saldré a buscar algún picadito en la plaza de la vuelta de casa, en Libertador, al lado de la vía del tren.
Volviendo a chascomús, mientras pescábamos el Tucu tuvo una idea que me sorprendió: "Acá, en la ruta, hay un buen puterío. ¿Y si vamos?", preguntó. Beto se puso un poco colorado. Yo me alegré por dentro, porque creí que el Tucu estaba de mi lado. Después de unos segundos de pensar, Beto abrió la boca. "Yo no cojo hace seis años. ¿Te parece que pueda?", dijo y se puso más colorado, pero no de vergüenza, sino de resignación. Durante dos horas hablamos sobre cosas que no puedo reproducir ahora, pero que supongo se imaginarán. No sabía que el Tucu y Beto eran unos depravados sexuales...
La cosa es que el plan comenzó a crecer y crecer. Hasta que volvimos al hotel. El Tucu entró a bañarse, mientras Beto elegía entre una camisa a rayas y una rosa salmón. Cuando salió, se llenó de colonia (yo hace rato que no uso porque me irrita la piel de una manera...). Después el que entró a la ducha fue Beto. Cuando me tocó el turno de bañarme, ellos aprovecharon y pusieron el partido de Rosario Central (Beto es Canalla) y se tiraron en sus camas. Me bañé durante media hora, canté canciones que no cantaba hacía años. Me afeité y hasta me puse crema de enjuague que había en un frasquito. Cerré la ducha y salí a buscar a mis compañeros de aventura. Y ahí estaban el Tucu y Beto: durmiendo, con la televisión prendida, como dos angelitos.

Apagué la TV y salí a la calle. Enfrente había un locutorio. Crucé y la llamé a la Matilde para decirle buenas noches.

viernes, 8 de agosto de 2008

¡La chata!

Esta mañana me levanté con una noticia terrible. ¡Se llevaron la chata! Felipe, el del puesto de diarios, me explicó que la remolcaron cerca de las 7 de la mañana. Las ganas que tendrá Macri de llevarse los autos como para hacer trabajar a la gente tan temprano.
Ahí quedaron las huellas, el contorno de mi camioneta. Ya salí cuatro veces a la calle para ver si la trajeron de vuelta. Era una F 100 del 72. Estaba destrozada porque le afanaron las dos ruedas izquierdas y el granizo la agarró el año pasado… O el otro no me acuerdo bien. Era turquesa, hermosa. Oxidada pero hermosa. Cuando salí a la calle sentí dolor, pero también alivio. La Matilde me miraba mientras barría la vereda y me decía “Yo te dije que se la iban a llevar. Bien merecido que lo tenés”. La puta que la parió.
Que se queden con la chata, pienso ahora. Esta semana decidí cambiar mi vida y eso no me va a afectar. Ya lo llamé al Rúben para ir con el Cabezón, Beto y el Tucu a los burros este fin de semana, después del partido de fútbol, que todavía sigue en pie (lo sumamos a Gabriel, un portero peruano del edificio más alto de la cuadra). Voy a ver si mi nieto Matías me presta su cámara para sacar fotos.
Debo confesar que ayer me fui a dormir entusiasmado y algo excitado. Compartir con alguien mi vida es una buena forma de sentirse menos sólo. No es que mis hijos no me vengan a visitar (vienen casi todos los domingos al mediodía a comer pastas), pero hace un tiempo que los amigos empiezan a ser menos (se van para arriba) y, como decía antes, a la Matilde cada día la soporto menos.
Como no podía ser de otra manera, Mirta, mi hija menor (la que tiene los hijos medio boludos porque se pasan el día escuchando música pank y esas cosas), se enteró del blog y la llamó a la Matilde para contarle. Igual, ya lo sabía. Ella dice que ni le importa lo que yo haga, que es una locura, que estoy viejo para esas cosas, que no lo piensa leer, que las computadoras son una paparruchada. Para ella todo es una paparruchada: desde la novela del mediodía de Canal 13, esa donde todos se meten mano en el hospital, hasta los almuerzos de Mirta Legrán. Aunque para ella la Mirta sea sagrada.

Para mí no. Para mí es una vieja facha.

jueves, 7 de agosto de 2008

Hay equipo

La Matilde se compró ayer a la tarde un celular. Ahora decime vos ¿para qué quiere un celular la vieja si se pasa todo el día en casa viendo las novelas y el programa de los gordos que canal 13? Yo sé por qué. Sabe que tengo un blog (ahora sé que se dice blog y no bloc, gracias a sus comentarios).
Sabe que yo tengo un blog y ella no. Entonces se compró un celular como de dos gambas para parecer más joven. Ni lo sabe usar, ni sabe qué es un SMS. Sólo sabe sacar fotos. Se lo compró la boluda de Mirta, nuestra hija más chica, la mamá de mis nietos más boludos (a alguien tenían que salir).

La Matilde estuvo desde las 8 de la mañana sacándo fotos. Me sacó fotos viendo el partido, preparando mate, bañándome, barriendo el patio... Después se cruzó a lo de Mary sólo para eso. Le sacó fotos a Felipe, el del kiosco de diarios, y al Tucu mientras entraba a la casa a ver el partido de Argentina. El Tucu no entendía nada: la vieja le ponía el teléfono enfrente de los ojos. Él me miraba y yo me cagaba de risa por adentro. Pobre Tucu.

Mientras mirábamos el partido, le comenté al Tucu mi idea del blog y de empezar a vivir un poco mejor. Creo que lo del blog no lo entendió. Después le pregunté si no tenía ganas de arreglarse los dientes podridos que tiene o de salir más de noche, volver a San Telmo o ir a levantar minas a una milonga, como hacíamos antes. El Tucu sólo me decía: "Pero miralo al muerrrrto de Riquelme. Yo soy más rápido que él. Conchudo! Conchudo! Volvé a la villa" (Claro, es Gallina a muerte). Lo vi tan compenetrado al Tucu con el fútbol que, cuando cayó Beto para el segundo tiempo, los enfrenté y les dije: "Muchachos, ¿y si armamos un partido de fútbol? A diez tenemos que llegar y, sino, sumamos a mis nietos. Tengo ganas de volver a ser el de antes". Beto se entró a cagar de la risa y el Tucu seguía puteando a Riquelme. Pero cuando terminaba el partido y este pibe de Lanús la metía para el 2 a 1, el Tucu paró de putear a Riquelme, se paró del sillón y dijo: "Yo voy al arco, no puedo más de la ciática".

Así empezó esta idea. Le afané el celular a la Matilde, que tejía en la hamaca del patio (no entiendo, con el frío que hace...) y empezamos a llamar. Ya somos seis. Quizás para el fin de semana lleguemos a diez.

Repito, que la Matilde no se entere. Por que sino...

miércoles, 6 de agosto de 2008

Mi primer bloc en internet

Ya no soporto a mi mujer, no la aguanto, no la aguanto a la Matilde. Se queja por todo: que el fútbol fuerte en la tele, que ya no cocino, que ya no lavo los platos, que los muchachos me pasan a buscar a cualquier hora... Que a la chata se la van a llevar cualquier día de estos porque el gobierno de la ciudad ya la llenó de pepelitos. A la chata le faltan dos ruedas, tá de costado, como que se hunde.

Mi nieto Matías me enseñó a usar la computadora esta y me contó qué era un bloc. Yo sabía lo que era un bloc de notas, pero no un bloc de internet. Me contó que pueden leerte como un millón de personas y que vos no te enteres. Eso me gustó. Así que voy a escribir en el bloc cada uno de mis últimos días en este mundo. Tengo 78 años, sé que mucho no me queda.

Hoy decidí vivir cada uno de mis días de la manera más feliz posible, vivir la "Vida Loca" como canta el hijo de Julio Iglesias. Livin la vida loca, dice. No entiendo nada de inglés pero debe significar "estar en la vida loca" porque mis hijos le dicen livin a la sala de estar. Voy a comprar menos remedios, voy a gastar la guita de la jubilación en los burros, en chupi, en minas...

Ojalá la Matilde no lea esto, sino se arma.