viernes, 8 de agosto de 2008

¡La chata!

Esta mañana me levanté con una noticia terrible. ¡Se llevaron la chata! Felipe, el del puesto de diarios, me explicó que la remolcaron cerca de las 7 de la mañana. Las ganas que tendrá Macri de llevarse los autos como para hacer trabajar a la gente tan temprano.
Ahí quedaron las huellas, el contorno de mi camioneta. Ya salí cuatro veces a la calle para ver si la trajeron de vuelta. Era una F 100 del 72. Estaba destrozada porque le afanaron las dos ruedas izquierdas y el granizo la agarró el año pasado… O el otro no me acuerdo bien. Era turquesa, hermosa. Oxidada pero hermosa. Cuando salí a la calle sentí dolor, pero también alivio. La Matilde me miraba mientras barría la vereda y me decía “Yo te dije que se la iban a llevar. Bien merecido que lo tenés”. La puta que la parió.
Que se queden con la chata, pienso ahora. Esta semana decidí cambiar mi vida y eso no me va a afectar. Ya lo llamé al Rúben para ir con el Cabezón, Beto y el Tucu a los burros este fin de semana, después del partido de fútbol, que todavía sigue en pie (lo sumamos a Gabriel, un portero peruano del edificio más alto de la cuadra). Voy a ver si mi nieto Matías me presta su cámara para sacar fotos.
Debo confesar que ayer me fui a dormir entusiasmado y algo excitado. Compartir con alguien mi vida es una buena forma de sentirse menos sólo. No es que mis hijos no me vengan a visitar (vienen casi todos los domingos al mediodía a comer pastas), pero hace un tiempo que los amigos empiezan a ser menos (se van para arriba) y, como decía antes, a la Matilde cada día la soporto menos.
Como no podía ser de otra manera, Mirta, mi hija menor (la que tiene los hijos medio boludos porque se pasan el día escuchando música pank y esas cosas), se enteró del blog y la llamó a la Matilde para contarle. Igual, ya lo sabía. Ella dice que ni le importa lo que yo haga, que es una locura, que estoy viejo para esas cosas, que no lo piensa leer, que las computadoras son una paparruchada. Para ella todo es una paparruchada: desde la novela del mediodía de Canal 13, esa donde todos se meten mano en el hospital, hasta los almuerzos de Mirta Legrán. Aunque para ella la Mirta sea sagrada.

Para mí no. Para mí es una vieja facha.

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